Ha muerto.
Se ha ido ese ser de luz que fue una guía para todos nosotros, un faro en este ancho mar que es la vida.
Con sus luces y sus sombras.
También a él le flaqueaba la fe, pero en una cadencia que creíamos infinita, su linterna volvía a girar una y otra vez, esparciendo su haz de sonrisas.
Era el retorno a un puerto seguro, el remanso de paz, el lugar al que siempre volver.
Ha muerto y quedamos a la deriva, náufragos de nuestra propia existencia.
Oscuridad en el mar, tinieblas en nuestros corazones.
D.E.P.
